Si me tocas, caigo. Si caigo el viento lamerá mi piel en la caída, que será lenta, que será suave. El viento en la caída tiene la fuerza de un animal en celo, desbocado, hambriento…
Y en el laberinto del aire, mientras caigo húmeda y abierta, el viento me tomará entre sus brazos y me hará suya, me penetrará despacio y profundo, y será blanco, y mi cuerpo sentirá el éxtasis brutal de una verdad desmayándose en el centro de mi vida. Y cuando termine el último remolino de mi gemido, estaré exhausta. Estaré en silencio. Flotaré en paz.
Tócame ahora. Invítame a caer.

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