viernes, 22 de julio de 2011

ESCLAVA DE EL TELEFONO



Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda
(Martin Luther King)

Si algún enemigo de los que tengo, supiera que para tenerme en vilo tan sólo es necesario hacerme una llamada con número oculto, entonces se pasaría en día haciéndolo (que buena idea acabo de dar a alguno/a ¿eh?). 
Tristemente es así. Supongo que mi vida últimamente carece de fuertes emociones. Eso, o  que me he vuelto un ser completamente anormal, que también puede darse el caso.
No suelo despegarme de mi móvil, pero cuando lo hago, suena insistentemente.
Si espero una llamada y esa llamada no llega precisamente porque la estoy esperando, suelo usar un truco. Como ya sé que mi teléfono sólo suena cuando no estoy junto a él, lo que hago es que lo dejo en una habitación, y aunque esté sola en casa, pego un grito al aíre diciendo algo así como “¡me bajo a comprar!, tardaré en llegar, no me llevo el móvil…” pero en realidad, y sin que el teléfono lo sepa, me quedo tras la puerta esperando pacientemente. Entonces, suena y lo cojo a traición. ¡Ja! ¿Acaso se cree más listo que yo?
Os parecerá mentira, pero son muchas las veces que me ha funcionado. Probadlo y veréis.
Mi teléfono y yo tenemos una extraña relación. Si yo me meto en la ducha, entonces se pone a sonar como un desaforado. Un remedio  muy útil y que también practico a menudo, es dejar el teléfono en el salón, meterme en el baño con la puerta entreabierta, hacer como que me voy a la ducha (volver a pegar un grito al aire diciendo “¡voy a darme un largo baño!” también puede volver a valer), sentarme en el wc y esperar: Aproximadamente dos minutos más tarde, comienza a sonar.
Ninguno de estos trucos funciona si me llevo el teléfono al lavabo. Si lo hago, enmudece.
Hace unos días, me separé del teléfono. Era mediodía, y yo tan solo hice el inocente gesto de acercarme al despacho de mi jefe. Tarde en volver a mi sitio aproximadamente cuatro  minutos. Cuando regresé, mi teléfono tenía una llamada perdida de un número oculto.
Una tragedia. Que a mí me ocurra algo así, es la peor calamidad que me puede pasar. El mayor de los desastres.
Fue entonces cuando enloquecí.
Antes de perder la calma, lo que suelo hacer en estos casos, es llamar a las personas habituales: mi madre, mi padre, mi hermana, mi amiga… y entonces les pregunto “¿me has llamado?”, si la respuesta es “no”, entonces es cuando viene el problema.
Efectivamente seguí los pasos: hice las llamadas y usé  los trucos tradicionales (hasta me senté en la taza del váter de la oficina con la puerta abierta por si sonaba), pero nada. No hubo manera.
Intenté no pensar en ello y di el tiempo prudencial para que la persona misteriosa de número oculto, volviera a insistir. No hubo forma: una hora más tarde, la llamada aún no se había producido.
Comí, intenté hacer mis ejercicios de relajación, usé mil veces los trucos de las voces al aire, pero dieron las siete de la tarde y nada, que no sonaba la llamada misteriosa.
Tuve que tomar cartas en el asunto.
Desde la A a la Z llamé a todos y cada uno de mis contactos (bueno, alguno me salté, gente como “Fontanero”, “Información Telefónica”, “TeleChino”…) y nada de nada, que ninguno había llamado.
Este tipo de estupideces, no sólo me cuestan un dinero que luego se hace presente en la factura del teléfono, sino que además (y considerablemente peor), me hace perder la dignidad como persona.
Entre las llamadas que hice, tuve que hacer de tripas corazón y llamar a mis ex para preguntarles si me habían llamado (todo es posible, la posibilidad de que me llamaran para decirme que aún estaban locamente enamorados de mí, que cada día que pasaba era un sinvivir y que no conseguían olvidarme, podía ser una opción), pero la respuesta de todos fue que no. Y lo peor de todo es que sé, a ciencia cierta, que creyeron que les llamé como excusa para volver a ponerme en contacto con ellos. Panda de cretinos, parece mentira que no me conozcan.
Un día que prometía ser normal e incluso bueno, se convirtió en una pesadilla. Me fui a mi casa (caminando 4 kilómetros de nada, no fuera a ser que me sonara el teléfono en el metro) y me deprimí.
Sólo una vez sonó el teléfono, pero era mi amiga para preguntarme si ya había resuelto el caso. A esas alturas yo había hecho todo tipo de conjeturas, las cuales expuse con sumo detenimiento.
Conjetura # 1: Podía darse el caso que los del ¡HOLA! me hubieran llamado para decirme que dejara de escribir estupideces en el blog. Que años de gloriosa reputación en su revista para que yo, en cuestión de semanas, hubiera tirado todo al traste.
Conjetura # 2: Recuerdo a un tipo al que, hará cosa de dos años, le di mi número de teléfono y jamás me llamó. Puede que ahora, sintiéndose preparado, hubiera decidido hacerlo.
Conjetura # 3: Zapatero: Sí, podría ser que Zapatero (o un Ministro) que me hubiera llamado para agradecerme el magnifico trabajo que estaba haciendo para la humanidad escribiendo mis miserias.
Conjetura # 4: Llamaban para comunicarme que iban a darme el Premio Pulitzer, pero al no haber contestado el teléfono, se lo darían a otra persona.
Es por todo esto por lo que os comunico que, desde que recibí la maldita llamada con número oculto, tengo un tic en un ojo, sufro de insomnio y doy, constantemente, voces al aire diciendo que voy a hacer cosas que en realidad no hago.
Por favor, si fuiste tú el que llamaste con número privado, vuelve a hacerlo: prometo contestar.
Todos merecemos una segunda oportunidad, ¿no?.

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