Lo que me gustaría es que te encontraras con una persona que te tratara como tú me trataste a mí, pero más me gustaría que esa persona pudiera ser yo.(Anónimo)
Tengo días que me siento Lucifer. Y no es que haga nada del otro barrio: aún no me ha dado por robar las pensiones de la tercera edad ni por maltratar animales (dios me libre). No fabrico cócteles molotov en mi casa y nunca he echado cicuta en la sopa de nadie (aunque ganas no me han faltado). Manifestarme me da pereza y los sindicatos ni te cuento.
Si cojo el transporte público, y aunque tenga un dolor de pies que se me refleje hasta en el ojo izquierdo, cedo mi asiento a embarazadas y personas mayores.
Pero oiga usted, una tiene su paciencia y, cuando la sobrepasan, suelo tener una ligera tendencia a convertirme en Satanás.
Bien es verdad que sacarme de mis casillas es relativamente sencillo. Por ejemplo, basta con que me des golpecitos en el brazo mientras me hablas o que invadas mi espacio vital (hay que evitar, en la medida de lo posible, hablar tan cerca de tu interlocutor que se pueda averiguar por el olor del aliento, que se cenó la noche anterior).
Pero si hay algo que realmente me desquicia, es que me interrumpan cuando estoy en pleno proceso creativo. Una vez lo puedo soportar, dos también, pero a la décimo cuarta, los ojos se me inyectan en sangre y echo tanta espuma por la boca que parezco un extintor.
Creerme si os digo que una hiena a mi lado, es como un ternerito.
Intentar trabajar una mañana desde casa es poco menos que imposible. No sólo porque los malditos carteros comerciales llaman al telefonillo cada 5 min. y porque todos los empleados del gas, agua, teléfono y un tropel de mensajeros, llaman a mi puerta, sino porque un día tuvimos la brillante idea de poner teléfono fijo en casa y nos castigaron con un número heredado que, para más INRI, acaba en 00 y es como la centralita del teléfono de la esperanza.
Así que me inspiración suele verse truncada con frases del tipo:
- No, se ha equivocado
- No, está llamando a un domicilio particular
- Lo siento, esto no es una clínica
- Que no, señora, que no me sé el teléfono de ninguna inmobiliaria
- Que no, joder, que esto no es ningún centro comercial
- Siento ser yo quien se lo diga, pero sus dedos marcando en el teclado deben ser como pollas, porque es la tercera vez que ha marcado mal el número…
- ¿Yo? ¿grosera yo?
En un ataque de desesperación, pensé que lo mejor era seguirles la corriente. Ya que no podía luchar contra las equivocaciones, me aliaría con ellas. De ese modo, al menos pasaría un rato entretenido y comprobaría cuán lejos podía llegar con mis dudosas dotes de actriz.
Y sí, pasé un día entretenido, pero ahora no sé que hacer con todas estas citas. Creo que en mi vida, tuve una agenda tan apretada (amén de que jamás me he sentido tan polifacética).
- El próximo miércoles tengo que hacer una citología vaginal a las 10:00 hrs. Por la tarde, haré una colposcopia y dos ecografías abdominales
- El jueves por la mañana una resonancia magnética y una prueba de contraste
- Tengo un recado para el Sr. Molinero: que el Sr. Aguilar Fischer no podrá asistir a la cena del día 22
- El día 21, a eso de las 12:00 hrs, Dª Consuelo Girones vendrá a buscar su pedido de langostinos y gambas… y no sé como hacerlo, porque las quiere tan buenas como las del año pasado
- También tengo reservado el Salón Giralda de un hotel
- Y tengo que mandar un presupuesto de calendarios para el 2008 antes de mañana a las 12:00 hrs.
Sólo un señor me cazó, enseguida supo que yo no era una trabajadora de Iberdrola, la verdad es que me entró la risa, no lo pude remediar.
Mira que listos son cuando quieren, ¿eh?



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